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PULSO ROTO
ANTI-018 · ROCK

PULSO ROTO

PULSO ROTO late como una ciudad de madrugada. Cuatro elementos y ninguno de relleno: el Precision de Vera Sanz llevando los temas por delante con figuras que se repiten y mutan, la única Jazzmaster de Bruno Lázaro —fría, espaciosa, acordes a los que les falta una nota— y la batería seca de Irene Vidal, con la caja dura y al frente y casi ningún adorno. Sin teclados, sin segunda guitarra, sin coros. Fue la primera Antibanda que salió por la señal y la que fijó el tono de la casa. Los siete cortes de la primera etapa los cantó Nico Beltrán, frontal y urgente: la ansiedad en «Cables en la piel», el aislamiento en «Soledad», la ausencia en «Manual del abandono». Al cerrar ese ciclo Nico se marcha en buenos términos y entra Gael Rivas, baritenor seco y contenido que además escribe las letras. Con AL MISMO BORDE la banda no cambia de instrumentos: cambia de peso. Una voz que no llena obliga al bajo a ponerse delante, a la guitarra a tocar de menos y a la RAT a aparecer en ataques cortos en vez de estar encendida. Más íntimo, más tenso, bastante más incómodo. Sigue siendo PULSO ROTO: castellano, sin ironía y sin consuelo.